El trailer abandonado que reveló la red de vigilancia fronteriza de Estados Unidos

Un descubrimiento casual en el desierto

James Cordero frenó su Jeep en el acotamiento de la Old Highway 80, cerca de la frontera con México. Lo que parecía un trailer abandonado escondía algo más: una cámara que registraba cada matrícula que pasaba por esa carretera remota del este del condado de San Diego. Era solo el comienzo de un hallazgo mucho mayor.

Cordero, quien trabaja en restauración de daños por agua durante el día y lidera voluntarios humanitarios en su tiempo libre, ha localizado decenas de estas cámaras ocultas en trailers y barriles de construcción a lo largo de las carreteras fronterizas de California. Una red de vigilancia masiva que aparentemente opera bajo los permisos que California otorgó a la Patrulla Fronteriza en los últimos meses de la administración Biden.

Cuando la tecnología se vuelve invisible

La Electronic Frontier Foundation ha mapeado más de 40 lectores automáticos de matrículas (ALPR) ocultos en el sur de California, la mayoría concentrados en rutas fronterizas. Los dispositivos no solo capturan números de matrícula: registran marca y modelo del vehículo, estado de registro, coordenadas GPS, fecha, hora y "el entorno que rodea al vehículo, que puede incluir conductores y pasajeros", según un reporte de 2020 del Departamento de Seguridad Nacional.

Los residentes locales han comenzado a notar encuentros extraños. Sergio Ojeda cuenta que agentes interrogaron a su abuela, residente legal permanente, sobre por qué visitaba casinos locales con tanta frecuencia. "Ella les preguntó de vuelta: '¿Hay algo malo en eso? ¿Se supone que no debería hacerlo?'" Los agentes respondieron que simplemente "parecía sospechoso".

California aprobó ocho permisos para lectores de matrículas de agencias federales como la Patrulla Fronteriza y la DEA, según Caltrans. Pero existe un problema legal: una ley estatal de 2016 prohíbe a agencias locales compartir datos de matrículas con entidades federales involucradas en enforcement de inmigración.

Dave Maass de EFF argumenta que estos dispositivos federales eluden esas protecciones: "Al permitir que la Patrulla Fronteriza y la DEA coloquen lectores de matrículas en la frontera, esencialmente están creando una puerta trasera" a las salvaguardias estatales. Una investigación de Associated Press reveló que estos datos alimentan un programa de inteligencia predictiva que monitorea millones de conductores estadounidenses para identificar patrones de viaje "sospechosos".

El verdadero costo de implementar esto

Más allá de la tecnología, está el costo humano y democrático. Cordero teme que sus voluntarios, quienes dejan agua y suministros para migrantes en el desierto, puedan ser detenidos o procesados. Durante la primera administración Trump, voluntarios de "No More Deaths" enfrentaron cargos federales por actividades humanitarias similares.

El costo de transparencia es igualmente alto. No existe información pública sobre dónde operan estas cámaras, cuántos datos recopilan, o cómo se procesan. Residentes fronterizos como Ojeda expresan vivir en constante sensación de vigilancia: "Bromeo con mis compañeros de trabajo: '¿En qué capítulo de 1984 estamos?'"

California, que se enorgullece de sus políticas de santuario, enfrenta la paradoja de haber facilitado infraestructura que podría usarse para deportaciones masivas. El verdadero costo no son solo los millones en tecnología, sino la erosión de la confianza entre comunidades y el estado que prometió protegerlas.

Fuente original: CalMatters

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